El condenado Ni Pio, en su celda construye una espiral del tiempo con el polvo que raspa de la pared y de manera simbólica viaja hacia sus vidas anteriores, donde formó
parte de los conquistadores españoles que asesinaron al inca Atahualpa, también de los centuriones romanos que crucificaron a Cristo, hasta llegar a Adán, en un tiempo presente
en el cual el árbol del paraíso es bombardeado.