Un etnocidio en la Amazonía se justifica con la guerra en Ucrania. Todo se transmite en línea bajo la atenta mirada del cineasta, quien abandona la pantalla para encontrarse con su hijo de tres años, que se maravilla ante las flores que crecen en el jardín. En este cruce de realidades, se entrelaza una reflexión sobre la infancia y su inocencia en un mundo amenazado por la crueldad humana y el cambio climático.